Siempre estás ahí. Como apoyo. Como palabras que intentan hacerte sentir mejor. Como una lluvia leve en un momento de sequía. Como una bocanada de aire fresco. Como un suspiro, que se evapora nada más aparecer.
Siempre estás ahí.
Pero yo no necesito que me intentes hacer sonreír. No necesito palabras que me hagan sentir mejor. No necesito que me mires y me digas que todo va a salir bien.
No quiero compasión.
No quiero ser tu amigo.
No sé ni cómo expresar con palabras lo que siento por ti.
Cuando te conocí, algo se revolvió en mi estómago. Algo hizo que creyera en algo más. Algo que se transformó en un monstruo que me amenaza por las noches. Algo con lo que estoy aprendiendo a convivir, porque sé que tus ojos no me van a mirar como yo quiero que me miren.
Tus ojos no me van a mirar como yo quiero que me miren.
Me estás destrozando. Y sé que no quieres. Sé que no quieres hacerme sufrir. Sé que las puñaladas que me estás clavando no son intencionadas. Pero lo estás haciendo. Y duelen.
Sólo necesito que me digas que me quieres.
Porque yo te quiero.
Hay mil cosas que te quiero decir. Pero sólo te dire una: A, te quiero.

No hay comentarios:
Publicar un comentario
Dispara, prometo que no me dolerá.