Y las ruedas giran y giran, bailando al son del día.
Vertiginosa inocencia que tapa tus oídos
y no te deja escuchar la verdad que el mundo grita.
Acabamos de aparecer, y mañana seremos olvido.
Desaparecerás tras un llanto de fuego,
y nadie sabrá si fuiste real, o solo un mito.
Hoy eres vida.
Mañana será de noche.
jueves, 16 de mayo de 2013
sábado, 27 de abril de 2013
Maldito Optimista.
Te levantaste de la cama pensando que sería un buen día. Decidiste salir a la calle para demostrarle al mundo lo que vales.
Pero tropezaste. Te llenaste la cara de verdad embarrada y deseaste que todo desapareciese.
Tu esperanza nunca se agota, y no puedes evitar tener sueños. Tus sentidos te hacen seguir adelante aunque no tengas nada.
Tu optimismo te hace ser un desgraciado feliz.
Pero tropezaste. Te llenaste la cara de verdad embarrada y deseaste que todo desapareciese.
Tu esperanza nunca se agota, y no puedes evitar tener sueños. Tus sentidos te hacen seguir adelante aunque no tengas nada.
Tu optimismo te hace ser un desgraciado feliz.
lunes, 22 de abril de 2013
Amor y sangre.
Abrí lentamente los ojos. La habitación era oscura, apenas iluminada por una bombilla en el fondo de la habitación; era pequeña, gris y no tenía muebles. Hacía frío. Mucho frío. Sólo podía ver una escalera de madera en la penumbra, y arriba, se distinguía una puerta de metal. Oía un repiqueteo, como un metal golpeando el suelo. Me dolía la cabeza. Intenté llevarme las manos a las sienes, pero algo frío y duro no me permitía moverlas.
Noté cómo mi corazón se disparaba. Miré mis muñecas. Unas esposas aferraban firmemente mis extremidades. No podía moverme. Desesperadamente, comencé a tirar. Tras varios minutos, desistí. Los golpes que antes sonaban habían cesado, y de entre las sombras salió una chica. Rubia, mediana altura, piel pálida y suave como una nube… Era inconfundible: Victoria. Llevaba una navaja entre sus manos.
-No intentes escapar, no lo vas a conseguir.
Miré sus ojos azules. Una sonrisa maquiavélica iluminó su rostro. Se acercó a mí lentamente. Se agachó y me miró directamente a los ojos.
-¿Estás cómodo?
Estaba mudo, no sabía qué responder.
-¿Te ha comido la lengua el gato?-pregunta. Jugueteaba con el cuchillo.
-Yo… ¿qué…?-tartamudeaba.
-¿No sabes qué haces aquí, verdad? ¿Estás confuso?- sonreía.- Te dije que esa zorra te iba a dejar tirado…
-¿Qué…?
De repente, todo me vino a la mente. No sabía hace cuando, pero Victoria me había llamado llorando, algo le pasaba. Fui corriendo a su casa, y cuando llegué… se volvió todo negro.
-Sabía que tenía razón, ¡siempre la tengo!-. Reía a carcajadas.
-Nadie me ha dejado tirado- conseguí articular.
-Sí, la zorra que se hace pasar por tu chica no va a venir a ayudarte, y eso significa, ¡que te va a dejar tirado!-. Seguía riendo. Ahora, bailaba haciendo círculos. Había enloquecido. De repente, paró. Se volvió a agachar y me empezó a acariciar la cara.- Pero tranquilo, estoy yo aquí para estar contigo. Siempre lo he estado. A partir de ahora, podremos estar juntos… ¡para siempre!
-No… ¡No! Déjame en paz. ¡Te dije que me dejaras en paz!
-Sé que realmente no quieres eso-. Empezó a susurrar- En realidad, me deseas. Quieres amarme como yo te amo a ti. Estamos solos. Podremos amarnos de todas las maneras…
Se abalanzó sobre mí. Empezó a arrancarme los botones de la camisa que llevaba, lamiendo cada parte de piel. Yo suplicaba:
-¡Déjame! ¡Para de hacer eso!-Gritaba.- ¡Basta!
De repente, paró. En seco. Me miró a los ojos. La sonrisa no se había borrado de su cara.
-Vamos a estar juntos para siempre. No lo vas a poder impedir. Juntos, en el cielo-. Miró el techo de la habitación.- Y la zorra se va a ir al infierno, ¡como todas las de su calaña! Tendremos tiempo para disfrutar de nuestro tiempo.
Abrí mucho los ojos. Había comprendido el mensaje. Lo que quería era matarme y…
-¿Me vas a matar?-Susurré. Dos lágrimas rodaron por mi mejilla.- ¿Por qué?
-Porque te quiero.
No había terminado de hablar cuando ya había alzado la navaja. Descargó toda su furia sobre mi pecho, rompiendo todo lo que había allí, hasta llegar al corazón. Un dolor comenzó a recorrer mi cuerpo, empecé a desfallecer. La oscuridad empezó a atormentarme.
Lo último que vi en vida fue cómo Victoria se degollaba con una sonrisa de felicidad.
***
Este texto lo escribí hace mucho tiempo, y lo he traído aquí. Espero que os guste.
jueves, 18 de abril de 2013
Risas.
De repente, ella se rió.
Me hizo recordar la sorda angustia del hospital, el frío silencio del cementerio y la cruel e injusta muerte.
miércoles, 3 de abril de 2013
lunes, 1 de abril de 2013
jueves, 21 de marzo de 2013
lunes, 18 de marzo de 2013
Inconsciente.
Todo estaba oscuro. Mira sus manos, pensativo. Se enciende un pitillo y se levanta del sillón. Observa la habitación en penumbras y da un paso. Lentamente da otro paso. Despacio camina hasta la cómoda y abre un cajón. Alguien irrumpe en la habitación.
-Para.
-Qué quieres.
-Que pares.
-No.
Ambos se quedan quietos, en la penumbra.
-¿Intentarás detenerme?
-Intentaré convencerte.
-Tú ya no puedes hacer nada por mí. Te alejé de mí. No quiero saber nada. No quiero entender a los demás. No quiero seguir sintiéndome culpable.
Silencio.
-Yo renuncié a ti, así que déjame en paz.
Silencio.
-Ya no eres mi conciencia.
-Ya no tienes conciencia.
-Es justo lo que necesito.
Bajó la mirada hacia el cajón. Cogió lo que había dentro.
-Hay otras soluciones.
-No, no las hay.
Silencio.
Disparo.
Silencio.
-Para.
-Qué quieres.
-Que pares.
-No.
Ambos se quedan quietos, en la penumbra.
-¿Intentarás detenerme?
-Intentaré convencerte.
-Tú ya no puedes hacer nada por mí. Te alejé de mí. No quiero saber nada. No quiero entender a los demás. No quiero seguir sintiéndome culpable.
Silencio.
-Yo renuncié a ti, así que déjame en paz.
Silencio.
-Ya no eres mi conciencia.
-Ya no tienes conciencia.
-Es justo lo que necesito.
Bajó la mirada hacia el cajón. Cogió lo que había dentro.
-Hay otras soluciones.
-No, no las hay.
Silencio.
Disparo.
Silencio.
martes, 12 de marzo de 2013
Cobarde.
Demasiado cobarde para querer seguir viviendo.
Demasiado cobarde para quitarse la vida.
Demasiado cobarde.
Demasiado cobarde.
Demasiado cobarde para quitarse la vida.
Demasiado cobarde.
Demasiado cobarde.
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